Ingeniero
El Hámster y su Rueda
Esta historia que hoy te cuento bien pudo haber iniciado con esta banca. Hace unos buenos años, Pochis (Archie para el Registro de Ciudadanos) participó en el concurso de matemática que organizaba Burger King. Aunque a él no le gustan las hamburguesas a la parrilla, ganó varios de estos y el premio era una banca (esta es una de las dos que ganó en su carrera de matemático estudiantil; la segunda está en el colegio, o al menos ahí se la quedaron, jajaja).
Yo nunca participé en las Olimpiadas de Mate en mi época del colegio; las organizaba la San Carlos, eran top y solo los verdaderamente genios de los colegios llegaban ahí. Pero, desde la grada, era emocionante saber cómo le iba a tu colegio y a tus compañeros que participaban en esas competencias. Al Liceo, mi colegio, le iba bien en esas competencias; también había de física y, si mi memoria no me falla, creo que de biología.
Regresando. La pandemia tomó por sorpresa a toda la humanidad, y Pochis no fue la excepción, con el atenuante de que en el 2020 cursaría su último año de Bachillerato. La caravana de 5to. Año sería la primera y la última actividad presencial que tendría él y todos sus compañeros. Clases y exámenes en línea, como toda la muchachada presa por las disposiciones del Covid, pero con la “exclusividad” de graduarse en línea: un simbolismo que ni de cerca sería lo que todos habíamos deseado, pero era el “nuevo normal” y había que poner buena cara y optimismo hacia el futuro incierto.
Mi retoño se decidió por estudiar Ingeniería Civil en la Del Valle, ingeniero de tercera generación del lado materno, y de mi lado, segunda generación. Aunque si contamos a mis dos abuelos, habría sido el cuarto ingeniero: mi abuelo Celso (del lado de mi viejo) tenía camionetas de la Ruta Morena que iban y venían de Mixco, así que por equivalencias de experiencia y conocimiento técnico sería Ingeniero Mecánico (mi antecesor); mi abuelo Héctor (del lado de mi mamá) administraba la finca de un alemán en Pochuta, así que si aplicamos los mismos criterios que con mi abuelo Celso, Héctor vendría siendo Ingeniero Agrónomo.
Lo que siempre se dice, y quizá porque te lo digan tanto te acostumbras y no lo sientes, así como fue iniciar la U de la misma manera de la que terminó el colegio (en línea), este fin de semana que pasó Pochis obtuvo el título de Ingeniero Civil. Como el sextete del Barça de Guardiola, obtuvo el triplete: Baccalaureatus in scientiis, Summa Cum Laude y mención honorífica de su tesis, ¡quién se lo mira, jajajaja! Y acá, orgullo de padre aparte, en mi época obtuve el nadaplete: título de Ingeniero Mecánico Industrial; eso sí, aunque la U no extendió ningún certificado al respecto, fui el segundo mejor promedio de mi promoción (algo es algo, para que no digas que no contribuí en la genética que consiguió ese triplete).
Ver a los hijos, sobrinos, nietos o ahijados destacar, abrirse camino por la vida por sus pistolas, es una sensación muy especial que uno puede vivir. Tengas o no una contribución directa, lo importante es la dicha de que emprendan el camino que eligieron, aprendan a volar y tomen sus propias decisiones. Sin pensarlo, es muy fácil confundir el orgullo que puedes sentir por tu hijo en la medida en que su camino va en línea con tu expectativa. Eso es meramente circunstancial, y no debería ser lo que nutra tu sentimiento o eleve el nivel de realización que puedes sentir como padre.
Se dice fácil, suena lógico y en definitiva es muy cierto: la verdadera alegría es verlos felices, libres para tomar sus decisiones y conscientes de las consecuencias. Pero cuando ese rumbo que toman sus vidas no coincide con lo que tú esperabas o planeabas, esa frase ya no resulta tan activa. No es mi caso, pero podría llegar a serlo, en Pochis o la Giannis o el Javi, que ya van avanzando en sus vidas.
Para quienes somos de ideas muy firmes en la vida, que tenemos una visión de la vida que deseamos para nuestros hijos, nos arriesgamos a poner a prueba lo importante que es aceptar que los hijos son un regalo y los tenemos a préstamo, sin devoluciones ni reclamos. Yo he conocido casos en los que tanto papás como hijos la pasan mal porque no están en la misma página en sus expectativas.
Y se vale que las expectativas no coincidan, no tendrían por qué; al final cada uno es libre de desear para la vida de los hijos lo que uno piensa que es un camino con destino a la felicidad plena. Así también los otros tienen absoluto derecho en forjarse un camino con paradas, atajos y extravíos, vueltas en U, con empedrado en lugar de asfalto.
¿Y quién cede? Mala pregunta. Una mejor sería: ¿por qué no le deseo una vida plena, en libertad y fiel a lo que su corazón le dicta y su mente le ilumina? A veces los papás nos quedamos enganchados cuando teníamos que enseñarle todo a nuestros hijos bebés: desde aprender a caminar, ir al baño, usar los cubiertos y lavarse los dientes.
La vida siempre nos sigue llevando por caminos que no buscamos y nos plantea preguntas sin respuesta. Y nos cuesta acostumbrarnos a no saber para dónde agarrar y cuál es la decisión que debemos tomar. No te lo niego, así me siento cada vez más cuando veo lo que Pochis va logrando y va formando con su vida. A ratos encuentro la luz, en otros todo se ve oscuro y de repente no tengo ninguna idea de qué decirle o en qué ayudarle. Y se vale. Pero creo que cada vez se vale más detenerme, no pensar, no decir, solo sonreír, respirar y tenerlo muy claro: no pasa nada, ya eres un hombre, ahora un ingeniero, es tu vida y tú tienes la mano en el timón. Dale, sin miedo, yo te veo y, si algo pasa, siempre estaré contigo, m’ijo, a tu lado.


Que lindo Mensaje!! Estamos seguros que Archie llevara el timón de su vida de una excelente manera! Asi como ha llevado sus estudios hasta ahora! Felicitaciones a llos 3!!!